Alaín Derbez, el “saxoservidor”

Conocí al maestro Derbez gracias a la presentación de su libro Jazz en México, en la Feria Internacional del Libro de Monterrey 2012. El teórico, músico (o “saxoservidor”, como se describe a sí mismo en su obra) y divulgador de jazz, me comentó en una entrevista sus impresiones sobre su vida alrededor del género, y otro poco sobre el génesis y las áreas de oportunidad del jazz en nuestro país:

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Foto tomada de la página oficial de Facebook de Alaín Derbez.

Monterrey, Nuevo León. 

14 de octubre, 2012

“¡Uy! Yo creo que comenzó oyendo, oyendo en mi casa. Me gustaba mucho y obviamente se oía lo que en ese momento cuando yo era niño, estamos hablando de orquesta de baile, que no es precisamente lo más cercano al jazz, pero que tenía que ver con improvisación y con la dotación de instrumentos tal como la de Glenn Miller. Mucho más cercano, mucho más real de lo que es jazz: Duke Ellington; luego, Louie Armstrong estaba presente; luego, cantantes. Mi madre era bailarina y tenía además amigos, amigas, compañeras bailarinas que conocían el jazz y conocían a jazzistas. Entonces yo estuve expuesto en mi infancia a todas estas músicas, estuvimos expuestos a música de distinta índole, bailábamos mucho y nos gustaba por ejemplo la música académica, pero la música académica llevada al jazz. Yo creo que por ahí.

Yo escuchaba otras músicas y tocaba otras músicas, mi interés en tocar el piano y acordeón desde pequeño, y mi interés era poder tocar las músicas que oía. Rock, desde luego, mi generación corresponde más al rock, pero digamos que yo oía a la par rock que blues, que jazz y que danzón y que son jarocho, mi mamá bailaba muy bien el son jarocho. Entonces, digamos, siempre tuve expuesta esta opción a muchas formas musicales; me fui por el jazz porque conocía a hacedores de jazz. Conocía nombres de gente, para mí, muy importante: Juán José Calatayud, fue maestro mío, primero de música y fue maestro de piano después. También Chilo Morán, Tino Contreras, eran presencias de las cuales se hablaba en mi casa, entonces como que tenía una salida lógica posible el que yo me acabara interesando más por el jazz y sobre todo por interesar a otros en este asunto.

Habría que ver cuáles eran las condiciones de la llegada del jazz (a México, país). El jazz se metió en la radio. Primero, además, porque el jazz estaba en los discos de pasta; había también la música académica, y la que se bailaba. Nosotros hemos sido tradicionalmente bailadores, aunque en el baile de salón no haya sido nunca ninguna región de México una aportadora de música original para el baile de pareja en salón, salvo la música folclórica. Pero, si tú te das cuenta, todas las músicas que bailamos no vienen de México, vienen de Cuba, de Estados Unidos, no sé. Pero lo interesante es que en este país, en este enorme crisol se fue gestando esta posibilidad de reencontrar todo esto.

¿Cómo se fue filtrando? Han habido músicos callejeros todo el tiempo, los músicos callejeros tocaban esta música, que la gente creía que no importaba si venía de Estados Unidos o de Europa, que les sea accesible. Y lo era. Entonces, los enloquecidos años veinte también hacen que una clase social baile lo que sí viene de los Estados Unidos y que está en boga en Europa y que se mira en el cine. No se oye todavía, pero se mira y ya después se oirá. De hecho esto es interesante, la primera anunciada película sonora en este país, que es Santa, aunque ya había habido antes, pero la primera anunciada, registrada como película mexicana, con sonido, palabras oídas, tuvo jazz. Tiene una escena que se filma en un parque en Tacubaya, la Ciudad de México, donde se toca y se baila la música que se entendía como jazz. Entonces, que nosotros no hayamos registrado eso o que nos empeñemos en olvidarlo, es asunto de otros. Yo no lo voy a permitir. Me interesaba dar cuenta de esta filtración de la que hablas, que empezó a existir desde que hubo presencia de mexicanos en el lugar de la génesis del jazz que fue, entre otras, Louisiana.

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Obra publicada de Alaín Derbez.

Yo creo que existe un antecedente a la aparición del jazz en Xalapa más evidente, más aparente, más clara, que fue los grupos de jazz que tocaban en los años veinte y treinta en Xalapa, orquestas, grupos grandes, las marimbas jazz band que tocaban en Veracruz, que tocan en Xalapa; no hay mucho registro, hay memoria, hay músicos por ahí que todavía existen o hijos de esos músicos que pueden platicar, que finalmente se torna un anecdotario; ahora, lo interesante es que hubo en la Rectoría de la UV quien dijo “así como vamos a echar a andar una Orquesta Sinfónica, pues apoyemos también algo que parece tener posibilidades aquí, que es apoyar a grupos de jazz”; y es un fenómeno muy importante porque el que una institución apoye la creación de un grupo que devendrá Orbis Tertius, es algo que no existía como antecedente en el resto del país, que luego se fue dando.

Ya hay universidades. como la Universidad de Zacatecas, donde hay un quinteto universitario de jazz y en otras partes encontrarás también lo mismo. Un fenómeno interesante es el que nos hace preguntar ¿y por qué el jazz es bien visto? No sé si te has preguntado una vez por qué en Radio Universidad programan jazz, cuando antes programaban música académica porque era la música culta. ¿En qué momento el jazz comenzó a ser parte de esa posibilidad en la que el rock no podía permitirse? Esto habría que contestarlo, pero el caso está en que se vio, apareció y siguió siendo regularmente impulsado por medio de la institución, luego ya se fue desarrollando, ¿no? solamente que Orbis Tertius fue el grupo de jazz en la Universidad.

Ya en los últimos años, antes de la aparición de JazzUV, había otros grupos que eran apoyados por la Universidad, o solistas. Había una Orquesta de Música Popular que llamó en un momento a un famoso jazzista mexicano con historia, Rodolfo (Popo) Sánchez, un saxofonista, a dirigir. Había, en fin, quintetos, tríos, como fue el de Adolfo Álvarez, que saliendo de la Ciudad de México se fue a trabajar a la UV. Hubo un momento en que en los años setenta, en los años ochenta hubo una cuestión climática; muchos, en muchas áreas, no solamente en el jazz, en cuanto al arte y la cultura, en Veracruz, que aparentaban una riqueza maravillosa y muchas opciones que, desde luego, tenían que competir con muchas envidias y con muchas burocracias y con muchísimas más cosas. Una vez que estás adentro, en la población, te das cuenta que te parecía como en la novela de Richard Brautigan, La pesca de truchas de Norteamérica: en el atardecer se está viendo un río maravilloso, plateado, a los rayos del sol reflejándose; y al siguiente día cuando amanece se da cuenta ya que pega el sol de otra forma, que lo que estaba viendo era una tubería. Bueno, es un poco esto; es cierto, ya estando adentro te das cuenta que hay que sobrevivir, tienen que convivir y mal vivir muchas veces; entonces es lo que hace falta, convivir.

Entender que, por ejemplo, la Universidad no es una serie de islas divididas por un elemento que es el agua, como un archipiélago, sino que es una serie de islas unidas por un mismo elemento, que es el agua. Aparentemente hacia afuera, están surgiendo muchas cosas importantes en Xalapa, ojalá y esta realidad se reflejara hacia adentro para hacer una subcultura, ¿esto qué quiere decir? ¿qué necesitamos? Que el jazz sea, efectivamente, un hacer que involucre a la comunidad xalapeña y que no sigan pensando que los jazzistas son esos entes que pululan por ahí, mientras que los jazzistas no se involucren con la comunidad, la comunidad no se va a involucrar con los jazzistas. No hay tanto involucramiento entre los jazzistas, no hablo necesariamente de JazzUV. Tampoco hay mucho manifiesto interés por saber lo que está pasando con la sociedad en general, con la colectividad, con la comunidad, falta más presencia y participación, no impuesta, no se trata de tocar en las calles o tocar el domingo, se trata de que reflejes lo que tu comunidad es en tu quehacer. No que hagas piezas que se llamen “Xalapeños ilustres”, es todo un trabajo cotidiano, no es un trabajo de festival anual, es un trabajo que comienza a hacerse, pero que necesita más conexiones, rizomas subterráneos. Que hay un trabajo por hacer. Que no sea algo que muera cuando se quite el apoyo de uno u otro Rector, que la gente no permita que se muera, eso es lo que hace falta y no se da más que con el involucramiento de la colectividad en la que estás viviendo.

¿Cómo es la vida del músico de jazz? Quién sabe, no les he preguntado (comenta con humor). Es que en México y en otras partes no hay ninguna seguridad, normalmente, yo trato de involucrar todos mis quehaceres. Me la paso viajando, haciendo circo de tres pistas, ¿eso qué quiere decir? Lo mismo me llevo el saxofón para tocar con mi grupo, para el lugar en que doy una conferencia, o que presento una novela mía o voy a un festival de poesía. Por ejemplo, el año pasado fui al festival de poesía que hay en Baja California en Las Lunas de Octubre y hay un lugar de jazz ahí, pues yo siempre voy armado de instrumento y toco. Pero también, como ahora, voy a Colorado a dar una conferencia sobre jazz y literatura. Siempre voy cargando mis discos y mis libros, ¿por qué? Porque no puedes desperdiciar oportunidades de encontrar a más gente, como ahora mismo, acaba de suceder. Gente que ves ahí que no te imaginabas que iba a estar y con la que es muy difícil tener contacto; yo estoy siempre dispuesto al contacto con la gente y sembrar esa opción de comunicación. Es cansado, por supuesto, es cansado, pero al mismo tiempo muy enriquecedor, te das cuenta que no estás sólo. Si lo viera desde el lado negativo diría “ya son muchos años cargando mi bulto, ya traigo la espalda jorobada”, pues sí, pero finalmente hago radio, hago tele y todo está enfocado al mismo quehacer, ¿no? Claro, hay quienes no tienen estas opciones, entonces no es fácil, ¿por qué? porque si tú te enfermas, tienes que llamar a la solidaridad del gremio, donde el gremio también tiene que darse cuenta que no sólo en momentos de crisis tenemos que juntarnos. Falta más conocimiento, más información directa, dejarnos de chismes. Eso en el país, en general. Si tuviéramos más oportunidad de platicar en vez de estar lidiando con la caja idiota no nos tomarían el pelo”.

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