Tributo al jazz, de Francisco Téllez

Tributo al jazz fue el concierto que Francisco Téllez, uno de los pioneros de la academia del jazz en México, llevó a cabo en el Lunario del Auditorio Nacional el fin de semana pasado, con el propósito de exponer el talento de sus alumnos, y de rememorar a las figuras más reconocidas de la historia del jazz.

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Francisco Téllez

El evento fue presentado por Alaín Derbez, quien alabó la figura del maestro Téllez y su legado que formó a varios músicos actuales en la escena del jazz en nuestro país.

Todo comenzó con batería, después el piano se coló tejiendo sonidos y ausencias; los alientos se incorporaron poco a poco, y al final los dos contrabajos. Esta parte me recordó mucho el periodo de free jazz de Coltrane, creo que fue una manera acertada para abrir el espectáculo: atrapar la atención al despertar los sentidos desde la yugular.

El repertorio fue bastante emocionante. Comenzaron con Las Beboperas, composición del maestro Téllez, y siguieron con obras de Coltrane, Miles Davis, Thelonius Monk, Ornette Coleman (como siempre, Remi Álvarez se lució con sus interpretaciones del padre del free jazz), Cecil Taylor, Dizzy Gillespie, y otros grandes.

Puedo anotar que me gustó mucho la energía de todo el ensamble, el poder en la ejecución y las formas en que hicieron embonar las piezas de este rompecabezas acústico. Un aspecto que debo anotar, que quizás sucedió por cuestiones de tiempo (se esperaba que participara un gran número de músicos), fue que se dio más atención al repertorio que a la improvisación, lo cual creo que rompe un poco con la esencia creativa del jazz, pues cuando se trata de arte debe anteceder la calidad a la cantidad, ¿no?

Sin embargo, debo aplaudir, sobre todo, a Armando Cruz por su ejecución en la batería, al gran saxofonista Remi Álvarez y, por supuesto, al maestro Téllez, quien sacó a flote la gran personalidad como pianista que le han dejado todos estos años, así como algunos destellos interesantes que mostró como director, pues logró darle los énfasis necesarios al concierto, a pesar de que nunca descuidó su instrumento.

En cuanto a los cantantes, como suele suceder en México, se pudo haber prescindido de ellos, y más que nada por su falta de esfuerzo por encontrar un sonido propio. Incluiré que se hizo mucho alarde sobre Silvie Henry, quien pasó toda su presentación desafinándose. Fueron tres las grandes excepciones: Bianca Alexander, Olson Joseph, y Leika Mochan.

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Por otro lado, debo agregar la participación de Jazzamoart como artista visual, cuya estética parece bastante discutible a partir de mis malísimas fotos, pero debo admitir que en vivo, al convivir con las luces, sus músicos de tela generaron un efecto visual fantástico en el escenario, durante todo el concierto.

Gracias, maestro Téllez, ¡esperamos más y más presentaciones!

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