Xalapa, laguna del jazz

¿Qué es el jazz? La multiplicidad de criterios, ecuaciones, formas de descifrar la realidad a partir de un método que está en constante reformulación. Es la creatividad primogénita de la improvisación, que corre en una búsqueda de detalles y catapultas. El jazz es el padre sin nombre, que viste con los trajes que cada estudioso del género le va colocando. El jazz es sólo el resultado de la valoración que a nivel personal se desdobla en el aire armonizando sonidos y silencios. Ritmos, síncopas, disonancias, existen todas las posibilidades, tejidas en un hilo congruente. El jazz lo puede hacer uno o lo puede ensamblar una orquesta. Jazz es un solo de Miles Davis o la Orquesta de Duke Ellington. Jazz es el sonido del agua en armonía con la piedra del nómada que es capaz de escuchar a sus propias venas inflarse. Jazz es todo lo indefinible, siempre estético, jazz es lo que se comprende después de dominar un instrumento musical, de aprender todos los conceptos musicales para desaprenderlos. Jazz es lo que sólo el jazzista y el melómano escuchan para entrar en un trance de opio auditivo.

Jazz es el género, es el origen del género, es la ciudad en la que se desarrolla (Gioia, 2002), es el bar en el que se toca, es el alma del músico gritando, llorando o susurrando. Jazz es la música, es Nueva Orleans, es Chicago, es Harlem, es Kansas, es Xalapa. Jazz es el swing, el baile… Otros investigadores sabrán qué más es jazz. Jazz puede ser amor, fiesta, soledad, alcohol, drogas, pobreza, estudio, sobriedad, riqueza. Se trata se echar un ojo en cada persona que lo vive para notar que es posible la existencia de culturas, subculturas (Hebdige, 2004) y culturas insertadas del jazz, dependiendo del lugar, el momento y los individuos que lo profesen, lo produzcan y lo consuman. Jazz es estilo, evolución, es el árbol de las tres mil ramas que tienen frutos de distintos colores y formas, si los abres todos tienen un olor similar.

Jazz es la sustancia que se va colando por gotitas hasta generar lagunas. Tal como su esencia propia, el jazz no tiene un motivo específico de existir en lugares ajenos a su cuna, aparece como por generación espontánea gracias a que se van acumulando los Músicos Gota que se convierten en Músicos Gota de la Laguna. Así pasó en México. Fueron unos chispazos en la Ciudad de México con jazzistas desempleados luchando por comprar los discos carísimos de importación en los sesenta; con los salones de baile en los años cincuenta. Con los Bombines Dorados que tocaron en Xalapa en los años veinte. Antonio Sánchez, Tino Contreras, Chilo Morán volando por los años, las películas y discos perdidos de tantas décadas, en las que pareció que sólo ellos existieron (Derbez, 2012). Poco a poco la televisión, el cine, las revistas y los periódicos comenzaron a escupir noticias del género. Fueron pequeños eventos los que hicieron revolotear a las masas, como cuando la samba se reconoció mundialmente gracias a que Brasil ganó el primer Campeonato de Fútbol en México, en 1970, y se incorporó, junto con el bossa nova, como una de las formas musicales que se ensamblan comúnmente con el jazz. Escritores se apasionaron por el género. Todavía se sigue viendo en Xalapa cómo escritores acompañan a sus amigos jazzistas en los conciertos, para explorar su melomanía a detalle.

Como todas las ciudades del jazz, Xalapa tiene su propia historia, su propio génesis y sus propias razones de haber crecido y haberse convertido en un centro cultural jazzístico al que acuden interesados en el género, de otros países u otras ciudades de la República.

La formación de los músicos en Xalapa se genera a partir del común denominador de la identidad. Los pioneros del jazz, de los años sesenta y setenta, tuvieron un encuentro fortuito causado por las sorpresas que tiene la vida artística. Poco a poco se fueron reuniendo a partir de un interés común, era un grupo de muy pocos músicos que se juntaban a escuchar un mismo disco, pues es más que claro que en esa época no existía la forma de  copiarlos y, como tanto se dijo, eran bastante caros. Hubo quienes tuvieron la facilidad de viajar y llevar información a Xalapa. Hubo otros que se instalaron en la ciudad gracias a su interés por la Facultad de Música de la UV, que ofrece formación en música clásica. Sin embargo, las nuevas generaciones de jazzistas se van formando como causa y consecuencia de la identidad a través de un género musical. El distintivo más fuerte es el amor al género, a la improvisación y a la libertad que ésta ofrece. Si bien muchos se encuentran en una ciudad que dormita sobre la vida bohemia, no todos están completamente involucrados con ese modus vivendi. Tampoco existen elementos que distingan a los jazzistas en cuanto a su manera de vestir o comportarse. Los músicos de jazz en Xalapa no tienen un interés en radicalizarse o buscar distintivos, como lo hicieron en su momento los hipsters o los beats neoyorquinos de los años cuarenta (Hebdige, 2004), sino que se mantienen en un deseo constante por obtener jazz, información relativa a su historia, a sus métodos, a sus formas; un anhelo por compartirla, intercambiarla, escucharla y generarla. Si bien, existen problemas humanos, siempre existe también la fraternidad en el músico de jazz que convive con quien se adhiere a sus intereses. La Cultura Insertada del jazz en Xalapa está formada por intérpretes y sus amigos, por los niños que escuchan, por los ancianos que piden jazz en los asilos, por el solista que se para en el centro a tocar Bésame mucho en su saxofón, para inventarle un nuevo final.  La Cultura Insertada del jazz en Xalapa no pretende protestar por cambios políticos o raciales, pero sí es un grito del corazón de los músicos, cuyas vidas en algún momento pasan por momentos de necesidad, siendo que el jazz nunca ha sido fuente de grandes riquezas. He ahí a los afortunados que lograron auspiciarse con la UV, quienes han mantenido la ventura de obtener un salario quincenal y los beneficios de la jubilación, a diferencia de la mayoría de los jazzistas de otros momentos o lugares en la historia. Cada jazzista tiene una personalidad única y muy marcada. Lo que el jazzista hace y/o siente antes, durante y después de una tocada, concierto, jam, varía de acuerdo a su personalidad, pero todos mantienen la euforia, el deseo y la satisfacción de reunirse a hacer volar su arte. Dentro de las mismas razones personales compartidas están la particularidad de complacerse a sí mismos y a los demás mediante el proceso de la improvisación y la plática musical que aparece en varios niveles: consigo mismos a modo de meditación, con su instrumento, con el público y con el espacio mismo.

Alaín Derbez (2012) cuestiona que en Xalapa se viva una subcultura del jazz, en tanto que no todos los elementos en su totalidad se involucran en el movimiento como tal, o debido a la fortuna que ha tenido la ciudad por tener al frente a rectores interesados en el jazz y al miedo que en cuanto Xalapa pierda eso el jazz se evapore. Esta es otra de las razones que me ayudan a colocar el término de Cultura Insertada para denominar el movimiento jazzístico que se vive en dicha ciudad. Quizás éste se remonte a la aparición de grupos de jazz en los años veinte y treinta, orquestas, marimbas jazz band, no hay mucho registro, hay memoria, hay músicos por ahí que todavía existen o hijos de esos músicos que han platicado al respecto. Nunca existió un plan intencional de que surgiera el jazz en Xalapa, todo evolucionó a partir de una afición que efervesció en los años sesenta y que se apoyó en los auspicios del gobierno que dieron permeabilidad a distintos funcionarios en distintas épocas de la UV aficionados al arte, para que se pudiese patrocinar a los músicos.

El jazz no se puede definir, con esto coinciden tanto las voces de Xalapa como los distintos historiadores del género: Berendt (1986), Delannoy (2001), Derbez (2012) y Gioia (2002). A tal argumento se unen ciertas manifestaciones poéticas, como la de Rojas (2004), o meramente literarias, como las que aparecen en la obra de Cortázar (2009); entre tantas otras.

Se le puede asociar con libertad, arte, expresión, lenguaje, forma de vivir: vivir improvisando. Tampoco existe una manera única de entrar en esa música, cada jazzista ha tenido una suerte distinta y se ha guiado gracias a sorpresas de la vida, al apoyo de sus amigos, a escuchar, a su familia, o a un comienzo en la escuela clásica. Uno de los comunes denominadores del jazzista es que el poco dinero se olvida gracias a la satisfacción de tocar. La Cultura Insertada del jazz en Xalapa depende de la existencia de distintos lugares abiertos al jazz (foros, teatros, bares, ¡la calle!), de la disponibilidad del músico para tocar en cualquier situación, de la motivación al ver que los demás jazzistas estudian y se esfuerzan, de la seducción que se riega de aquel género cuyas gotas vuelan, se evaporan y se precipitan poco a poco en las distintas, sorpresivas, viejas y nuevas ciudades del jazz.

Imágenes del 2012-2013, Xalapa, Veracruz

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Cuarteto de Edgar Dorantes, concierto callejero en el Centro Histórico de Xalapa.

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Sergio Carrillo en el bajo, Hiram Marcor en la batería. Concierto de rock progresivo y jazz en la Tasca.

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Jam en La Lola.

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Edgar Dorantes en la melódica, Juan Carlos Sardaneta en el bajo, concierto en paseo cultural.

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Alonso Blanco

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Edgar Dorantes, jam en La Lola.

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Edgar Dorantes

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Juan Carlos Sardaneta, Hiram Marcor y Odguer Hernández, jam en La Otra.

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Diego Salas en la Caña.

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Concierto en La Caña

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Hiram Marcor en ensayo.

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