La inherente espiritualidad en la música

Bill Laurance, conocido como uno de los pianistas de Snarky Puppy, es también productor y compositor. Tienes que escuchar su música para comprender las razones que lo hacen uno de los mejores músicos vivos.

Bill y yo platicamos en una exclusiva backstage, antes de su concierto con Snarky Puppy en México. Esto fue lo que sucedió…

Teatro Metropolitan, diciembre, 2017

-Cuando escribí la reseña crítica sobre tu álbum Flint, comencé preguntando cómo es que trasciende un disco cuando ya existe toda esta música, cuando parece que ya no existe nada nuevo. Flint es maravilloso porque puedes escuchar tantos estilos… hay samba mezclada con un violín de música clásica; se escucha minimalismo con hip hop, pop de los años 80 y 90. Es una locura. Tomaste tantos géneros, los uniste y creaste algo nuevo. Eso es lo que hace a un verdadero artista. Háblame sobre este proceso de tomar tanto conocimiento para poder crear algo que no se había escuchado.

-Supongo que ha sido un proceso largo porque, de hecho, hice tres álbumes que nunca salieron al público, en cada uno de ellos se involucran muchos estilos diferentes. Hice un álbum de jazz, hice un álbum de pop cantado… mientras cantaba me di cuenta de que no soy un cantante; después encontré una cantante y realicé el disco con ella.

Supongo que antes intenté categorizarme a mí mismo y después de todo sentí que más allá de ser un género específico, yo sería todos los géneros, porque esa es toda la música que he llegado a amar y creo que ese es el trabajo más sincero y apasionado que intento hacer. Me di cuenta de que eso realmente funcionaba y, como artista, obviamente debes encontrar el lugar más sincero. Es lo que le habla a las personas: la sinceridad y la honestidad.

-¿Sabes? Una parte de mí odia las definiciones porque es muy difícil ver las expresiones humanas como absolutas. Pero también soy amante del lenguaje y necesito esos conceptos y definiciones. Pensaba que de alguna manera reinventaste el jazz fusión. Quiero decir, no suenas como jazz fusión, pero tienes los mismos elementos: utilizas sintetizadores, usas tantos sonidos eléctricos y uniste muchos estilos.

-Gracias. Es muy amable que digas eso porque pienso que es el papel de un artista encontrar nuevos sonidos para empujar los límites. Cuando escribo pienso: “¿he escuchado esto antes?”, y si es así, sigo trabajando hasta crear algo que no haya escuchado.

-Qué dirías… ¿eres un compositor o un improvisador?

-Soy ambas. Improvisar es una forma de composición, de alguna manera, en varios sentidos…

-Cuéntanos.

-La composición se graba. La improvisación es crear en el camino.  La composición es melodía. La improvisación es la composición espontánea; obviamente no puedes volver y arreglarlo pero yo siento que el núcleo de la génesis de la composición viene de la improvisación. Cualquier cosa escrita comienza con improvisación: la melodía, los saltos, la línea del bajo… en mi proceso creativo.

-Cuéntame tu historia como músico.

-Crecí con el ragtime y el swing.

-¡Eso es bastante difícil!

-Sí, material de Scott Joplin. Hacía escalas y todas esas cosas de música clásica para poder tocar ragtime, básicamente. Después, cuando tenía 14 años tuve una tocada en un restaurante. Toqué todas las noches durante tres veranos seguidos en aquél restaurante de Soho, en Londres y ahí fue donde realmente aprendí a tocar.

-¿Cómo es que un niño de Londres comienza su carrera musical tocando ragtime?

-Mi primer maestro de piano fue un músico de ragtime. Él destila este sentido de alegría desde el inicio. Siempre fue divertido. Estar en el piano fue una oportunidad para crear una atmósfera. De hecho creamos una técnica juntos: yo tenía que hacer las escalas y eso era difícil. Pero todo era para que yo pudiera tocar ragtime. Fui muy afortunado, este maestro tenía una personalidad increíble, mucho carácter y vida, así que cuando se sentaba al piano era hermoso ver la manera en que se volteaba la habitación. Yo sólo veía el poder de aquello y quería recrearlo para mí.

Luego tuve conciertos de patio; en un restaurant, en el que nadie escuchaba, todos iban sólo a cenar… pero me vi forzado a aprender repertorio y de alguna manera desarrollé música en todos los estilos. Mucho jazz. Esta etapa fue integral en desarrollar la mayoría de los lenguajes. Estudié música clásica e hice una maestría en composición en Lee University, donde conduje una orquesta. Fue una gran experiencia. Después conocí a Michael League, de Snarky Puppy. Snarky Puppy no existía en aquel entonces. Tocamos juntos y me invitó a Dallas a grabar el primer disco de Snarky Puppy. Eso fue hace 14 años y hemos estado en giras desde entonces.

Realicé mi cuarto disco y… sí, ha sido maravilloso. Supongo que también me di cuenta de que he conocido casi a todos mis ídolos. Toqué con Herbie Hancock y fue… ¿sabes?

Snarky Puppy en el Teatro Metropolitan.

-Increíble. ¿De qué hablaron?

-Hablamos de budismo, meditación, canto. Sobre la aspiración de estar el en presente, esa es la meta. Él es un budista activo y hace cantos constantemente. Ha profundizado mucho en ello. Su música lo ha llevado ahí. Esta es otra cosa que yo estoy trabajando con mi música, trato de estar cien por ciento en el momento y de no detenerme en alguna idea que tuve antes o en algo que no sucederá. Es la meta: encontrar algo nuevo, crear en todo momento.

-Qué curioso. Hasta donde he leído y sé de mis ídolos, quizás todos ellos tienen esto en común: buscaban la espiritualidad a través de la música.

-Sin duda. Estás absolutamente en lo correcto. He encontrado lo mismo. Conocí a Ahmed Jamal en Brasil el año pasado, él es igual; él es musulmán pero es como si la música y su fe fueran lo mismo. Yo no soy religioso pero creo en la fe y creo que la música es una parte integral de la espiritualidad. Es una de las pocas formas de arte que pueden penetrar esa parte de la existencia humana, yo supongo.

También conocí a Stevie Wonder el año pasado y le dije: “tienes una perla del conocimiento para los músicos más jóvenes”, y él contestó: “somos el pegamento de la sociedad y es nuestro papel traer amor y unidad a este planeta”. Pensé: wow, Stevie acertó.

-¡Él siempre acierta! Jajá.

-¡Jajá!

-¿Sabes? Años atrás leí entrevistas que distintos periodistas le hicieron a Dizzy Gillespie y él siempre encontraba la manera de hablar de eso: él creó su propia espiritualidad a través del conocimiento de varias religiones y la música en sí misma. Es tan único. Años después, Stevie Wonder habla de lo mismo en sus conciertos, en esta época en que de nuevo nos estamos matando entre todos.

-Sí, el arte y el periodismo son muy importantes. Pero la música es una forma única y universal que une a las personas, contiene esta cualidad celestial. Contiene una espiritualidad inherente. Creo que parte de ser un buen músico es estar en contacto con tu espíritu, de tal forma que este pueda manifestarse.

-Nunca quiero terminar esta conversación… ¿Cuáles son tus próximos proyectos?

-Escribí música para una película. Es la primera vez que lo hago. Ha sido nominada al Sundance Festival. Se llama “El traductor”, es sobre un traductor español, quien traduce del ruso para víctimas del desastre de Chernobyl. Es una película poderosa, muy desoladora pero en verdad maravillosa.

Estoy trabajando en mi quinto álbum, que será un álbum solo. Comienza con un solo de piano y evoluciona hasta convertirse en otros instrumentos de teclado. Tengo distintos teclados, no hay banda, no hay cuerdas ni alientos. Me puse este reto para ver qué sucede.

-Tu entrenamiento en el piano es clásico, en términos de lo que puedes lograr con los dedos. Quizás rítmica o armónicamente es distinto, pero las manos siguen siendo clásicas. Esta noche tocarás un Rhodes y sintetizadores… ¿cómo ha sido tu camino hacia encontrar sonidos en estos otros teclados? ¿Fue con Snarky Puppy? ¿Cómo fue esa búsqueda?

-Esa es una buena pregunta. Creo que pasó cuando salí de la universidad, porque hasta ese momento había estudiado música clásica todo el tiempo. Una vez afuera me hice consciente de estudiar música que no había perfeccionado, exploré todos los géneros que pude. Toqué en una banda de reggae, en una banda de pop, varias bandas de jazz, hice música electrónica. Algunas cosas con sintetizadores, drum machines y música dance. Intenté perfeccionarme a mí mismo en todo esto porque cada vez que descubría un nuevo género me hacía un mejor músico. También viajo mucho, fui a India, a los Himalaya, estudié parcialmente la música de esos lugares y traté de aprender lo máximo posible.

Sobre los sintetizadores, siempre he sido admirador de Herbie Hancock. Él es mi guía desde el día uno, pero también lo es Michael Jackson. Me interesan todas las formas en que pueda casar el mundo de la música clásica con cualquier otro mundo. Tenía el concepto de un piano solitario, pero ahora intento que el piano tenga tres efectos diferentes. Es como un instrumento acústico, pero intento delays y reverbs retardos, distorsiones, e intento que el piano no suene como un piano real. Agrego otros sintetizadores. Creo que entre más amplios sean el espectro de influencia y los colores de los sonidos, más interesante puede ser. Especialmente cuando te casas con estas cosas.

Yo intento romper las paredes entre géneros, los estilos diferentes pueden coexistir. El reto que me pongo a mí mismo es qué tan bien puedo lograr que esto suceda.

 

-¿Hay algo que te gustaría decirle a la audiencia Mexicana?

-Me encantaría venir con mi Proyecto. Comencé una gira mundial con el mismo. Fuimos a Japón, Europa, Estados Unidos, Sur y Centro América. Esperemos que no pase mucho tiempo antes de que nos presentemos aquí.

-¡Trabajemos en ello!

-¡Hagámoslo!

Dear Bill, I loved this conversation, I love your music and I love your knowledge. Thanks for being so unique!

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