En el país de los sordos, Paco de María…

Por: Estefanía Romero

Al toparme con publicidad que anuncia a Paco de María como “el mejor intérprete de Big Band de México”, corrí a escuchar su último disco “Cuando Quieras” y algunas otras producciones cortas, porque imaginé que encontraría un producto jazzístico valioso.

Error.

Me saltó un cúmulo de canciones destrozadas. Mi preocupación no es que un ser humano se exprese de la manera que quiera, pero me alarma que se atreva a describir su trabajo bajo un concepto que no le pertenece, para poder vender: Paco de María no es un cantante de big band; es, a lo mucho, un imitador de los grandes cantantes mexicanos populares y su objetivo es generar dinero, no arte.

La música de Big Band suele tener composiciones extraordinarias, arreglos que tienden a mejorar o, al menos, a proponer por encima de la primera creación; una instrumentación significativa, músicos virtuosos y una gran dirección. Basta con reconocer el trabajo de los grandes compositores, arreglistas y directores de la historia de la Big Band: Fletcher Henderson, Paul Whiteman, Glenn Miller, Benny Goodman, Artie Shaw, Duke Ellington, Count Basie, Quincy Jones, Wynton Marsalis

En cambio, con Paco de María, como representante mexicano del género (porque así se describe en su publicidad), nos podemos avergonzar. Sus canciones de tres minutos, con ritmos simplones, armonías famélicas, adornos vulgares, me recuerdan a cualquier banda de recepción de boda.

No es Big Band porque no hay jazz aquí. Los arreglos son en realidad una caterva de clichés pop; de María se desvive en una imitación forzada a José José; las canciones son aprendidas, no existe algún ápice de creatividad; la incapacidad para improvisar se revela en su inexistencia: cualquier cantante de jazz sabe desarrollar scats a lo largo de sus interpretaciones, de María no lo hace.

No existe una búsqueda, una propuesta. La música es condescendiente, no reta, no emociona y está claramente destinada a aprovecharse de un público que ignora lo que es una Big Band, pero que aspira a reconocerse como seguidor de jazz.

Lo único rescatable de sus producciones es que se nota el trabajo en ejecución de los músicos que le acompañan. Lamentablemente no existe una dirección que ponga este proyecto en su lugar.

En México ya existe bastante deshonestidad por parte de los políticos… no la necesitamos en nuestros artistas.

Para limpiarse los oídos, aquí les dejo Blue Rondo a La Turk, de Dave Brubeck, interpretada por la orquesta de Wynton Marsalis.

Cheers!

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