The Watershed: La ironía del indie jazz

Por: Estefanía Romero

Foto de portada: Lisa Cat Berro.

De inicio, debo decir que me daba mucho miedo reseñar un disco que llevase el término “indie jazz” en su definición, puesto que ya existe una confusión grande con el término indie y es muy difícil comunicar a qué podríamos estarnos refiriendo. De inicio, la palabra indie es por “independiente” y alude a cualquier proyecto artístico que se realiza sin apoyo de alguna gran compañía.

El indie rock es tan ambiguo y tan contradictorio (muchas bandas de indie rock son famosísimas y han vendido con grandes sellos discográficos), que es difícil determinar una definición que no termine por ser cuestionable.

Sin embargo, me atreví a sumergirme en el viaje Inhale/Exhale de The Watershed, el dream team del jazz francés, y me parece que comprendí un par de cosas. Les relataré mis impresiones pieza por pieza y terminaré con los apuntes de lo aprendido.

 

 

01 El caos de los White Stripes en un dueto de guitarra y batería, con una estridencia medida por los roces del saxofón y del Fender Rhodes, permiten que se abra un paraíso de relatos desde el primer tema del disco Inhale/Exhale: Watershred.

02 La segunda pieza, Diana, se acomoda más hacia el jazz europeo, con trazos irónicos de sonidos metálicos que caminan a contra dirección del flujo sónico que dibujan el saxofón y el piano. Son demasiados detalles, unos platillos brillantes que apenas se asoman, por ejemplo. El color gris del jazz europeo matizado con tejidos extravagantes que provienen de otras dimensiones, pero conviven en un mismo sentido.

 

 

03 Peter Hot Father, es una pieza abordada por un ritmo más flojo y suspiritos matutinos de saxofón, se levanta poco a poco con efectos psicodélicos. Sin saber cómo llegamos ahí, aparece un rock más evidente con la guitarra, que de repente se vuelve protagonista: la ironía persiste. El ritmo comienza a adornarse de armonías: el lienzo se tiñe más y más. La bálbula rítmica whitestraipeana emana energía bajo esa guitarra ácida de Pierre Perchaud, más perteneciente al rock psicodélico de los grandes conciertos, pero con unos delays que despiertan un sabor como detenido que lentamente cobra más energía. El rock psicodélico y el indie rock comienzan a besuquearse. El ritmo vuelve a su calma y aparece un blues, como dentro de un casco. La psicodelia ahora se abraza de un jazzístico aliento: el de Christophe Panzani.

04 La suavidad del tema pasado nos prepara hacia Pas de deux, que pinta timbres impresionistas lentísimos con el Fender Rhodes de Tony Paeleman: la sensación liquida del onirismo dura dos minutos que parecieran una eternidad. Se ve un pas de deux del ballet del siglo XVIII, traído hacia sonidos modernos y desarrollado en una estructura más libre.

 

Christophe Panzani y Tony Paeleman.

 

05 Con el tema Inhale/Exhale sientes que estás en el garaje de tus amigos de la preparatoria, hasta que te haces consciente de las progresiones sincopadas en la batería de Karl Jannuska y del piano que está volviéndose loco al fondo. Un crescendo deriva en un silbido de búsquedas estridentes: ¡la ironía de nuevo! Y luego, una guitarra que te recuerda a los primeros amores; me atrevo a pensar que existen tintes neopinkfloydeanos aquí, pues me recuerda la dulzura oscura del álbum Music from the Film More.

06 Dark Water. El onirismo más cercano a la pesadilla. Los pies pesados de melancolía en un ritmo lentísimo… y el silbido vuelve.

07 Más adelante, Bright Sun, suena exacto como su nombre: es una composición llena de colores brillantes que saltan juntos en una atmósfera lúdica. Cada instrumento traza su personalidad en una conversación llena de frescura y, quizás, adolescencia.

08 HKJ es más como un puentecito rítmico que te anuncia el cambio de sueño.

 

Karl Jannuska (batería), Pierre Perchaud (guitarra), Tony Paeleman (teclados), y Christophe Panzani (saxofón y clarinete).

 

09 Comienza Tickle-Down. Y aquí lo primero que se siente es vapor de la música clásica del siglo XX, igual adornada con un pianito impresionista que está radiante en la oscuridad del sonámbulo. La belleza de esta pieza que dura tan poco, grita una digresión de conceptos: una pieza “seria” que dura dos minutos.

10 Y luego, Fat Bum. Me parecería una oda al Ummagumma de Pink Floyd. Es también una de mis piezas favoritas del Inhale/Exhale, por el reto hacia la rapidez y la claridad de las figuras contrapunteadas. El rock de The Watershed cambia de décadas en todo momento, teniendo como resultado un nuevo concepto, que además abraza la literatura jazzística. A veces la guitarra está en un rock súper oscuro de los años 70, tipo Black Sabbath, conviviendo con un solo de batería que bien podría pertenecer al bebop. Lo adorable es que por más dramática que sea la mezcla de épocas y géneros, el resultado es tan orgánico que termina por convertirse en algo más.

 

 

11 Un pianito que jazzea tan lento y solo, es la voz de The Running Water. Poco a poco entran los sonidos sintetizados que generan un espectro neblinoso, y son pintados a brochazos esporádicos por la guitarra, el piano y la batería: hay algo aquí llamado free jazz, pero con pies y cabeza.

12 Vermilion Sky es el final feliz de esta película llamada Inhale/Exhale.

En resumen, para retomar los primeros comentarios, el par de cosas que comprendí: 1. El indie jazz existe. 2. El indie jazz de The Watershed retoma el rock que provocó durante cada una de sus evoluciones: desde el rock psicodélico, pasa por el garage, y llega incluso a los White Stripes; todo esto se intercala en capas o progresiones jazzísticas; pero son capaces de incluir figuras que aluden la música clásica del modernismo y ello no les impide hacer una oda a otros grandes momentos de la música que pueden ser congruentes entre sí, por random que parezca, como el ballet; todo lo cual hace imperceptible la aparición de los géneros y, a la vez, permite que despierte uno nuevo.

Nota final: La música popular puede ser interesante todavía.

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