Jazz que no te oxida el tímpano

Por: Estefanía Romero

“Jazz aumentado” (2016), el disco de la banda leonesa Los inoxidables, fue compuesto y producido por Jacobo Cerda. Con Pako Hidalgo en la batería, Paulo Tovar en el contrabajo, Omar Córdova en la flauta, Emmanuel Ontiveros en el SC (Super Collider) y Jacobo Cerda al piano, se logró un trabajo excepcional.

 

 

Los juegos rítmicos; la mezcla de timbres interesantísimos de cada instrumento; el valor de la intención que cada integrante coloca en los desarrollos de sus ejecuciones; el diálogo invisible entre el compositor y sus lectores, y el de los instrumentos entre sí, dibujan un álbum que necesariamente ha de destacar entre muchos otros.

A lo largo de la grabación podemos escuchar efectos poco comunes que generan una sensación de sonidos desdoblados, repetidos y alargados. Emmanuel Ontiveros utiliza el SC, un programa digital de síntesis de audio. Como Jacobo Cerda explicó: “lo que hace (el SC), básicamente, es tomar lo que hay de los micros, hacer una especie de licuado de lo que escucha la computadora y él ordena lo que va a hacer. En tiempo real genera sonidos a partir de los que escucha. Es como la novedad porque pienso que el jazz es una cuestión de interacción y quise que esa interacción también existiera con la computadora; que creo que es un instrumento nuevo porque genera sonido, escucha y puede interpretar lo que escucha. Todos los sonidos que no creas que son hechos por humano, eso lo hace la computadora”.

Mi tema favorito del álbum es el primero: Balada Para Bill Evans. Se trata de un piano impresionista, con ecos y repeticiones. Como inyectarle Debussy a un sintetizador. El compositor francés fue uno de los héroes del mismo Bill Evans. La pieza también contiene algo del alma impresionista que atravesó el perfeccionismo de Bix Beiderbecke, el héroe del jazz de Chicago, cuyas composiciones, como In the Mist o In the Dark, de hecho, se asemejan muchísimo a este experimento de Los Inoxidables, pero llevado al siglo XXI y sus tecnologías.

 

 

Hacia el segundo tema, 430-F, nos embarcamos en un episodio muy interesante que integra fórmulas jazzísticas; dibujos irregulares como los que a veces inventaba Ravel, en una sola línea; un teclado SV1 que da la sensación de un Nueva York ochentero, y ritmos en dispersión peculiar.

La sensación metálica persiste en el track 309-L. El tema principal brilla en una flauta; un piano se le enreda en espiral y de repente toma su propio camino. Los años 70 se manifiestan en un hardbop, que lleva uno que otro adorno como del tipo utilizado en las series sobre el espacio de aquella época; y que camina con cambios de protagonismo entre flauta y teclado, con una base rítmica que a pesar de estar marcada, va distribuyendo novedades a lo largo de su ejecución. Todo este complejo le da vida y lucidez a la composición. Más adelante un solo de contrabajo dialoga con la batería; conversación a la que poco a poco se integran el piano y la flauta de nuevo. La pieza cierra con una progresión disparatada que agrega un toque de emoción.

En general nos encontramos distintas vertientes de música modernista entrelazadas. Por ejemplo, existe una carrera entre los bajos del piano y la batería que deriva en la unión de ambos hacia un swing, que primero juega y después decide alborotarse. Más hardbop aún. Pero luego la flauta suave.

 

 

O un solo de percusiones. Free jazz que trae un flujo de visiones con secuelas de los clásicos del XX, cuyo tema principal es un fragmento de jazz fusión que eventualmente se desdobla en ecos y episodios de aparente desbalance, pero que se equilibran a la perfección con la rareza que escuchamos.

Hacia el final se retoman todos los paisajes utilizados a lo largo del disco, para lograr una pieza atómica, propia de un horizonte entre el sueño y la pesadilla. El efecto de profundidad que genera el timbre del teclado te jala de inmediato.

La obra es brillante. El conocimiento y técnica clásicos, sumados a una gran intuición jazzística, evidencian la facilidad para tejer progresiones extrañas, llenísimas de color y con gritos internos que nos tocan en todo momento: es imposible parar este disco y necesitas volver a él una y otra vez para comprender qué es lo que acabas de escuchar.

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