Escribí tanto “jazz” en mi máquina de escribir, que se me rompió la “z”

Por: Estefanía Romero

Fotografía: Mónica García

Francisco Téllez sembró la raíz del jazz en México. Su escuela significó el comienzo de un árbol de músicos y profesores que hoy encabezan este fragmento de la vida musical. Se trata de un caso extraño, pues lejos de buscar una carrera musical (componer, crear discos, hacerse publicidad), pensó en el futuro de la educación. Como le comenté a él mismo en entrevista: alguien tenía que hacerlo.

Aquí les comparto la visión y recuerdos del maestro, cuyo nombre merece quedar grabado en la memoria del arte.

Entrevista en casa del maestro Téllez,

CDMX, 2018

El jazz degenerado convertido a licenciatura

Yo nací en el 45, empecé a escuchar los discos del 48 que mi padre coleccionaba, son discos de pasta en los que hay grabaciones de Art Tatum, el gran pianista.

Cuando yo era estudiante de conservatorio, tuve algunos compañeros que tocaban blues, jazz. Estaban Antonio Alemán, Enrique Nery, Roberto Martínez Chávez; tocaban clásico y a su vez tocaban algo de popular, entonces los prefectos les quitaban el piano, pero siempre entraba la inquietud.

La reforma educativa comenzó desde esa época: 1968, porque entré con esa finalidad. Héctor Infanzón, que fue de mis primeros alumnos, recuerda que cuando inicié los talleres de jazz en la escuela, el primer concierto que dimos en Cuba 92, en la sala Silvestre Revueltas; fue con Jazzamoart y fue un programa de puro free jazz. Por eso hice la escuela: venía yo de un proceso en el que me prohibían hacerlo.

Comencé a dar clases en la Escuela Superior de Música (ESM) como maestro de piano del área clásica. Entra como profesor Francisco Núñez y abre los talleres… la idea que él tenía era muy buena, porque en las escuelas de música había mucha deserción; entraban 1500 alumnos y al año había 700. Son carreras muy largas, ahora las dividen. Los que llegábamos a terminar éramos cinco o cuatro o dos. Núñez por eso abrió los talleres para dar diferentes salidas, hubo un taller de grafía musical, de ópera, de música mexicana, de música antigua, ahí entró el de jazz. Todos los demás talleres fueron desapareciendo, no le echaron ganas los maestros o los alumnos y los únicos que seguimos fuimos nosotros, con la necedad de seguir haciendo esta música, de crear.

Hasta que en un momento la maestra Pola Mejía, que fue una de las pedagogas me dijo: “es que el planteamiento de los talleres ya puede ser una licenciatura, sólo necesita esto y esto…”; entonces le fui metiendo más cosas. Hice 11 veces el plan de estudios y no pasaba, lo rechazaban por una cosa u otra. Estaba escrito en máquina de escribir, la tecla “z” se rompió de tanto escribir la palabra “jazz”. Ya con el tiempo, agradezco las reformas que le hicieron al plan de estudios, no lo hice solo, lo hicimos con diferentes pedagogos.

 

Cómo se aprende y cómo se enseña jazz

Cuando empecé a hacer el plan de estudios no tenía nada, no había nada. Un gran guitarrista, que ya murió, se llama Francisco Mondragón, me proporcionó planes de estudios, folletos o programas de diferentes escuelas del mundo; porque él estuvo en Alemania, en Bélgica, en Berklee. Eso me fue orientando para organizar las materias. Y a mí se me ocurrió, ya es una propuesta mía, que la historia del jazz debería estar dentro de la organización del plan de estudios.

El plan de estudios de la ESM está organizado de acuerdo a la evolución del jazz. Se empieza estudiando cada uno de los estilos que son por décadas. Ese es el proyecto. En una ocasión, hace muchos años, las circunstancias me dieron que el programa se llevó a Berklee y lo regresaron dictaminando que les parecía muy interesante cómo estaba organizado.

En el tiempo aquel no había escuelas donde se estudiara jazz. Ahora, me llama la atención que mis alumnos han hecho escuelas de jazz por todos lados. Hay en Tuxtla, Gutiérrez; en Hermosillo, Ciudad Juárez, Monterrey. A su vez, han hecho bandas de jazz. Creo que fue la inquietud: en la escuela teníamos en cada año cuatro niveles de bandas, dirigidas por Enrique Valadez con Antonio Servín, Zósimo Hernández. Los alumnos fueron imprimiéndose de esa necesidad de hacer Grandes Bandas: Están la Zinco Big Band, la banda de Xochimilco… lo difícil de una banda es el presupuesto, son entre 17 a 25 músicos, no alcanza el dinero, es difícil promoverse; pero ya hay un movimiento que se está haciendo solito.

 

Los festivales de jazz

Yo dirigí 32 festivales de jazz. La idea principal de estos fue presentar a los alumnos al público. La pregunta era: ya hice los estudiantes, ¿ahora qué hago con ellos? ¿Cómo los remato? La idea era alternar un grupo de la escuela con un grupo profesional. Así los músicos profesionales conocían a los jóvenes. Puedo hablar de las Beaujean, ahí se presentaron ellas y después la banda de Xochimilco, que ahora es la Big Band Jazz de México, y ahí se conocieron. Israel Cupich fue conocido ahí, Sylvie Henry. La idea fue esa.

El jazz nace en la radio mexicana: 1959

Juan López Moctezuma fue un promotor de jazz, que tuvo los programas Panorama de Jazz y Jazz en la Cultura, de Radio UNAM; el que ahora tiene Roberto Aymes. Moctezuma era locutor, tenía que programar música clásica. Se le ocurrió en una ocasión, el fin de año de 1959, pasar jazz; con la consigna de que a lo mejor lo iban a correr de la estación. Ese fue el inicio.

Así él fue promoviendo, haciendo conciertos reconocidos en la Casa de la Paz, que estaba en la calle Mérida. Antes había otros promotores, pero yo no conozco mucho de ellos, yo estoy hablando de lo que conocí. Juan López Moctezuma de alguna manera nos fue ayudando en los programas que nosotros hacíamos.

Juan López Moctezuma fue el primero en ayudarnos a hacernos promoción. Luego Panorama de Jazz lo tuvo un tiempo Germán Palomares, y luego Kazuya Zakai, el pintor. Después lo tomó Roberto Aymes y hasta la fecha ha seguido ahí.

A mí me llama mucho la atención Juan López Moctezuma porque la estación de radio estaba a un lado de la Facultad de Arquitectura, podía uno entrar como en su casa, no había protocolo. Veía uno a Juan así nada más. Él tenía unos cuadernos en los que iba recolectando todas las fotografías y recortes de jazz, yo lo copié, lo hice por muchos años; mis cuadernos se llamaban “El jazz en México” (Alaín Derbez documentó dicha información para su libro Jazz en México). No teníamos acceso a ningún tipo de información. No puede uno creer que no existían libros de jazz, lo único que teníamos era la Biblioteca Benjamín Franklin con 17 libros, pero nada más.  Mis cuadernos son siete libros de puros recortes; viene todo lo que se iba haciendo.

 

La revolución musical: Del cabaret al aula y al café

Tenemos que considerar que en México tuvimos un regente, Ernesto Uruchurtu Peralta, que acabó con los clubes de jazz que había en ese tiempo: El Rigus, La Concha… no eran exactamente lugares de jazz, eran más bien cabarets y lo que hacían los músicos es que al abrir tocaban una pieza de jazz y luego se daba el espectáculo de un artista. De esa manera yo también trabajé, era normal.

Cuando se cierran esos lugares, empiezan los cafés de jazz, en las tardes y no se vendía alcohol. En ese periodo comenzamos a trabajar en algunas preparatorias. Yo con el grupo de jazz toqué en la Prepa 5, en la Facultad de Medicina, en la Prepa 1; también Juan José Calatayud lo hacía. Había una revolución musical en todo el mundo, porque los lugares donde se tocaba el jazz eran cabarets; el que comenzó esto en Estados Unidos fue el Cuarteto de Dave Brubeck, que empezó a tocar en diferentes escuelas, su Take Five y todo eso.

 

El nuevo jazz en el cine de Jodorowsky

De alguna manera, esto tengo que relacionarlo con Juan López Moctezuma, que nos ve tocando en un lugar y nos lleva a tocar a la película Fando y Lis, con Alejandro Jodorowsky, En la primera escena estoy tocando el piano, con el pelo muy cortito; es dizque una novedad de él incendiar el piano e iniciar una revolución musical. Hay quien dice que –en dicha escena- es Henry West el que está tocando, no es cierto; es Armando Pérez Durco, el saxofonista que yo tenía. Está Jorge Pérez Higareda en el Contrabajo y Pablo Briseña en la batería.

Después hicimos un programa con Jodorowsky en lo que era el Canal 5. Ahí aparece Alejandro rompiendo un piano; nosotros tocamos Take Five, que era lo último en ese tiempo. Se le quitó el programa a Alejandro porque anunció que en el próximo programa iba a matar una vaca en el escenario, era muy fuerte eso. Pero ese programa, que era innovador, participó en unos videos en New York, ganó un premio y demás cosas.

El foxtrot llega a México

Mi padre ya tenía su banda en el 47, ya me llevaban a los ensayos. Mi abuelo es el compositor de la Canción mixteca (José López Alavez), se dice que él trajo el foxtrot a México. Él viajaba con la banda de policía que viajaba en los Estados Unidos. No había nada, ni la radio ni nada. Al traer el foxtrot lo trajo con partituras.

¡Gracias, querido maestro Téllez! Por abrir a Bop Spots las puertas de su casa y por permitirnos ser parte de la historia que usted comenzó y continúa escribiendo gracias a su profundo conocimiento.

 

 

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