Apología a la verdad artística: Chick Corea y Béla Fleck

Por: Estefanía Romero

Foto: Salvador Bonilla

El conocimiento demuestra la posibilidad del artista de ir hacia adelante, incluso cuando todo el tiempo recurre hacia el pasado. Anoche el Teatro Metropólitan no sólo nos obsequió un concierto más allá de lo ordinario, sino que nos dio una lección sobre lo que significa ser un músico y compositor de verdad: aquel que realmente ha recorrido los siglos de evolución de la música en la historia y ha logrado hacerla suya para llevarla un paso más allá de lo que las masas acostumbran.

¿Y qué sucedió anoche?

Las blue notes, los pulmones del jazz, dominaron el concierto; sin embargo, hubo un recorrido constante hacia músicas de diversas culturas y géneros musicales. La presentación abrió con una canción para niños escrita por Chick Corea que saltó entre el ragtime y jazz, con una estructura que se sintió como una especie de danza en círculo, sistema proveniente desde la Edad Media: siempre de vuelta a la melodía principal, dándonos una noción de equilibrio. Lástima que esta pieza se lastimó un poco hacia la mitad por un acomodo impertinente del volumen que, por fortuna, no volvió a ocurrir durante la velada.

Thelonius Monk revivió en un escándalo melódico, disonante, contrapuntos interesantísimos, riffs y cambios rítmicos. El bebop creció con la fórmula inesperada banjo/piano: los temas “Bemsha Swing” y “Trinkle, Tinkle”, fueron una gran elección para hacer brillar las posibilidades del piano.  En la segunda, de hecho, hubo ciertas frases provenientes de aquellos sonidos en que la Third Stream comenzó a existir, gracias a compositores como George Gershwin.

Domenico Scarlatti, el compositor barroco, también nos visitó. Tomaron una obra de él y yo me atrevería a decir que fue una especie de oda a la influencia que tanto Béla como Chick tienen, pues muchas de sus progresiones en otras composiciones e improvisaciones provienen justo de aquella era de los maquillajes y los altos peinados. Me encanta que exista una comparación implícita entre el sonido del clavecín y la claridad tímbrica que puede lograr un contrapunto entre banjo y piano. Tomaron en cuenta dos movimientos: durante el primero se escuchó barroco puro; a partir del segundo se intercalaron blue notes desde el piano.

Dato curioso: si bien el banjo no existió durante el barroco, sí fue durante un tiempo parte de la música culta e incluso fue parte del origen del jazz. Como me dijo Béla Fleck en entrevista:

“cuando Louis Armstrong comenzó había banjo en su banda, así que, de hecho, el banjo tenía todo el derecho de estar en el jazz. Hubo otras orquestas a finales de los 1800’s y principios de los 1900’s,  la gente tocaba música clásica en el banjo en aquel entonces”.

Hacia la mitad del concierto Béla comenzó un solo bastante curioso, una mezcla entre bluegrass y un corrido de los años de la Revolución Mexicana; todo esto entretejido con armonías jazzísticas. Por si esto pasó desapercibido, me gusta imaginar que esta fue la manera del compositor de agradecer a México por estar aquí. Pronto, a este solo se integró Chick con un tema totalmente clásico, mozartiano, con agregados de jazz.

Ahora, la música clásica del siglo XX también fue parte de la velada. “The Enchantment” es una composición que lleva mucho impresionismo al piano, al cual Béla añade una dimensión que se acerca más al jazz europeo y que más adelante se llena de color con ciertos movimientos aflamencados.

También viajamos hacia aquel punto en que la música country y el blues se mezclaron para inyectar los comienzos del rock sesentero. Escuchamos una especie de proto Led Zeppelin/The Doors en el banjo abrazado a un hardbop en el piano. La lógica de la composición siempre presente; con una clara impresión emotiva en cada una de las notas.

Pero estos genios también nos llevaron hacia los sonidos oscuros del Modernismo. El nuevo tema de Chick Corea, “Continuance”, aludió a posibilidades melódicas y armónicas que surgieron gracias a maravillosos autores como Béla Bartók; cabe mencionar que Béla Fleck fue nombrado así justamente por Bartók. Más adelante, Fleck presentó “Small Potatoes”, una obra suya claramente inspirada en el serialismo, fórmula que influyó mucho al jazz posmoderno; es curioso porque muchos llaman a Schrönberg el padre del serialismo, cuando en realidad esta técnica fue traída a la humanidad gracias a Franz Liszt, más adelante fue muy utilizada por su yerno, Wagner; y ya en inicios del siglo XX, por el muy olvidado, pero fantástico, Bernard Herrman; si no lo ubican es el compositor de la música para la película Psicosis, de Hitchcock, y otras obras maestras.

Volviendo a anoche, por supuesto, no podían faltar momentos de puro bluegrass y jazz, los géneros de los cuales proviene cada uno de estos compositores. Aquí se nota que incluso el ragtime es fantástico cuando se agrega al instrumento de cuerdas, pues esta suma deriva en un complejo musical que da la impresión de estar en otra dimensión sónica, impregnada de muchísimos timbres, matices, ritmos bien marcados y específicos. Aunque usted no lo crea, querido lector, muchos músicos “profesionales” de jazz, no saben sostener el ritmo, que es una característica básica e importantísima del género.

Corea y Fleck han logrado una comunicación musical espectacular, producto de varios años trabajando juntos. El brillante manejo musical de ambos es algo que todos los seres humanos deberían experimentar.

La verdadera duda que a mí me surge de toda esta ola creativa, preñadísima de conocimientos ancestrales y modernos, es: ¿Y cómo vamos a nombrar a este estilo? Sé que tenemos la definición, que el mismo Béla me platicó en entrevista:

“[…]eso es parte de lo que estoy buscando: música que toque a la gente pero que también tenga esos niveles de complejidad e historia en el sonido… así podemos ir a África, a Sudamérica… al jazz. Yo quería mezclarlo todo y hacer una canción única, un híbrido, pero que fuera uno mismo y que la gente lo amara”.

El nombre del concepto sería entonces: ”La canción única” (¿?). Tal vez… Quizás hay que seguir estudiando hasta poder encontrar el nombre de esta maravilla que debe presuponer el futuro de la verdadera música.

En una época como la de hoy, dominada por una industria cultural dedicada al lavado de cerebros con piezas cortas e insignificantes, tener un Chick Corea y un Béla Fleck representa una verdadera joya para la humanidad y hay que aplaudirla con brazos en alto.


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